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martes, 21 de enero de 2025

Instalé Linux otra vez

Instalé Linux Mint en mi vieja laptop ASUS después de (muchos) años de tener únicamente computadoras con Windows… y no me arrepiento.

Esta nueva distro se siente muy user friendly y es mucho más bonita en comparación con las que llegué a usar en mis días en los que era rebelde contra el sistema y me la vivía en el bajo mundo de los hackers y el PHP. Porque habrá usted de saber, querido lector, que yo era de los que le tiraban hate a Microsoft y a todo lo que tuviera que ver con el tío Billy.

Pero todo cambió cuando me di cuenta de que necesitaba comer y le tuve que vender mi alma a .NET. De lo cual no me arrepiento en lo absoluto, porque disfruto mucho trabajar con C# (la neta).

Siempre tuve la espinita de regresar a Linux y, en más de una ocasión, tuve doble boot en mi computadora. También, en los últimos años, he usado WSL con Ubuntu y recientemente mi Steam Deck, que corre SteamOS.

Hasta el momento en que estoy escribiendo este post no he tenido ningún problema. Todas las apps que uso tienen una versión que corre en Linux o cuentan con alternativas. Incluso puedo instalar juegos de Steam sin complicaciones.

Estoy muy satisfecho con el rendimiento de mi laptop que, para ser viejita, aún da pelea. Incluso la batería parece durarle más.

domingo, 4 de agosto de 2024

El líder de proyecto

Recuerdo un proyecto en el que trabajábamos más de ocho horas diarias para cumplir con la fecha comprometida. Era un proyecto desafiante y mal estimado, pero en esos días aún estaba dispuesto a darlo todo por el equipo. Finalmente, logramos la meta: liberamos a producción y las felicitaciones de los altos mandos no tardaron en llegar. Recibimos correos y llamadas de reconocimiento, e incluso nos dieron una distinción frente a toda la empresa por nuestro arduo trabajo.

Después del go-live, el trabajo disminuyó considerablemente. Los días eran tranquilos, lo que permitió al equipo recuperarse del burnout. Cabe mencionar que yo era el líder técnico del equipo, con menos de un año en ese rol, y gran parte del diseño de la solución y su implementación recayó en mí, por lo que me sentí muy satisfecho con el resultado.

Faltaban varias semanas para comenzar un nuevo proyecto y terminaba todos mis pendientes mucho antes de la hora de salida. Literalmente, solo esperaba sentado hasta que dieran las cinco de la tarde.

Un día, decidí irme 15 minutos antes para evitar el tráfico.

Durante dos o tres días me fui esos 15 minutos antes de la hora. Simplemente apagaba la computadora y salía de la oficina en silencio. Nunca pensé que pudiera causar problemas; después de todo, todos estaban felices con el éxito del proyecto.

Hasta que una tarde el líder de proyecto me pidió acompañarlo al estacionamiento para “platicar”. Una vez a solas, comenzó a llamarme la atención por irme antes de tiempo. Mencionó que al equipo le había molestado que yo me fuera temprano mientras ellos no podían hacerlo. Esto fue totalmente falso, ya que hablé con mis compañeros después de esa conversación.

El tono de su discurso empezó a subir y, como buen programador joven y rebelde, no me quedé callado. Le expliqué que no veía el problema, ya que habíamos sacado adelante un proyecto exitoso, lleno de reconocimientos y felicitaciones. No entendía por qué no podíamos darnos el pequeño lujo de salir 15 minutos antes.

Ahí fue cuando mostró su verdadera cara de jefe autoritario. Como suele pasar con algunos que obtienen un poco de poder, se sintió superior. Me dijo que debería estar agradecido por tener trabajo y que no me mandaba solo. Finalmente, me amenazó con escalar la situación al encargado de la cuenta y ponerme un warning.

Regresamos a la oficina y no volvimos a hablar el resto de la tarde. Cuando dieron las 5 en punto, apagué mi computadora y me fui.

Al día siguiente, el encargado de la cuenta me buscó. Me dijo que no me preocupara, que la queja del líder de proyecto no procedería, ya que solo era un berrinche. Me aseguró que no veía ningún problema en que saliera unos minutos antes si ya había terminado mi trabajo. Me dio una palmada en la espalda y me agradeció nuevamente por el éxito del proyecto.

El resto del tiempo que trabajé con ese líder de proyecto tuve un par de incidentes más, que contaré en otra ocasión.

Como puedes ver, querido lector, algunas personas, al obtener un poco de poder, adoptan una actitud controladora y autoritaria, olvidando el verdadero propósito del liderazgo. En este caso, el líder de proyecto no supo reconocer el esfuerzo y la dedicación del equipo. En lugar de fomentar un ambiente de confianza y flexibilidad, optó por imponer su autoridad de manera innecesaria.

Este tipo de comportamiento no solo genera malestar y desmotivación, sino que también puede afectar la productividad y el clima laboral. Es fundamental que los líderes comprendan que su rol no es solo supervisar, sino también apoyar y valorar a su equipo, promoviendo una cultura de respeto y reconocimiento.

lunes, 4 de marzo de 2024

100 ingenieros expertos en microservicios

En uno de mis tantos viajes de trabajo tuve una experiencia peculiar que me gustaría compartir contigo. Sucedió durante una reunión con un cliente potencial, donde se planteó una pregunta aparentemente simple pero que tuvo un impacto significativo en nuestra interacción.

El cliente se dirigió a nuestro BRM (siglas en inglés de Gerente de Relaciones con los Clientes) con una cuestión directa sobre la capacidad de nuestra empresa para abordar proyectos de gran envergadura. Esperaba una respuesta convencional, algo que tranquilizara sus preocupaciones y lo convenciera de nuestra competencia. Sin embargo, lo que ocurrió a continuación fue todo menos convencional.

El BRM, con una confianza palpable, respondió sin titubear: "Tenemos disponibles hasta 100 ingenieros expertos en microservicios para empezar el proyecto de inmediato". Su afirmación fue audaz y directa, expresando una seguridad que sorprendió a todos en la sala. Pero lo más sorprendente fue la reacción del cliente. En lugar de una respuesta esperada, soltó una risa sarcástica y comentó que éramos la primera empresa que respondía con tal seguridad a esa pregunta.

Ese momento incómodo y embarazoso resonó en la habitación. Una sola frase, pronunciada sin consideración, parecía haber deshecho todo el trabajo de varios días de negociaciones y presentaciones. La confianza del cliente se vio socavada por esta afirmación irreal, y la negociación fue un fracaso desde el principio.

La lección que aprendimos fue clara: una persona sin entendimiento técnico puede terminar arruinando una oportunidad de este tipo. La falta de conocimiento sobre los detalles técnicos de un proyecto puede conducir a respuestas inexactas que afectan la credibilidad y la confianza del cliente.

Esta experiencia nos recordó la importancia de la comunicación clara y precisa, así como la necesidad de contar con equipos capacitados y bien informados en todas las etapas de la negociación.

Se terminó el 2025 (recuento)

Es el último día de 2025. Afuera llueve a cántaros. En la sala, el mundo parece haberse reducido a un sillón, una luz tenue y un par de hist...