Es el último día de 2025. Afuera llueve a cántaros. En la sala, el mundo parece haberse reducido a un sillón, una luz tenue y un par de historias de terror sonando de fondo. Clara lee en su tablet. Yo escribo estas líneas desde mi vieja laptop, dejando que el sonido de la lluvia marque el ritmo.
Ha sido un año de subidas y bajadas, de esos que se sienten largos y pesados. Los problemas geopolíticos tienen al mundo de cabeza; más de una vez pareció que esquivábamos, por muy poco, algo irreversible. La caída del imperio vecino se siente cada vez menos lejana. Tal vez por eso este año me interesé aún más en lo que pasa fuera de mi burbuja: leí más historia, seguí temas internacionales y me acerqué a medios de información no tradicionales, buscando entender —o al menos darle sentido— a todo este ruido.
En el trabajo, las cosas van… aceptables. Los proyectos en los que trabajé salieron bien, se cumplieron metas y el cliente está contento con mi desempeño. Pero, una vez más, mi empleador decidió complicar lo que no necesitaba ser complicado. Dejó de pagar impuestos en México y eso nos obligó a cambiar al esquema de proveedor de servicios, llevándose con ello todos mis derechos de ley como empleado. A veces me pregunto si mi cliente estaría dispuesto a contratarme directamente. Sería lo ideal. Por ahora, solo queda esperar y ver qué pasa.
Pensándolo bien, este año también llegó el Switch 2. Una consola que esperé durante mucho tiempo y que, curiosamente, aún no termina de despegar. Entre las polémicas alrededor del medio físico y un lanzamiento con pocos juegos, la emoción se ha sentido contenida. La tenemos en casa, pero la usamos menos de lo que usamos el Switch 1 en su primer año. Supongo que incluso las cosas que más esperamos no siempre llegan como las imaginamos.
La lluvia sigue cayendo afuera. El año se está acabando. Y aquí, entre historias, silencios y pensamientos sueltos, me doy cuenta de que quizá eso era justo lo que necesitaba este momento: detenerme un poco y mirar hacia atrás, sin prisa.
Para 2026 no tengo grandes resoluciones ni promesas grandilocuentes. Solo espero un año un poco más claro, un poco más honesto. Seguir aprendiendo, seguir cuestionando, cuidar lo que importa y no perder de vista por qué hago las cosas.
Si algo me deja este 2025 es la certeza de que el mundo puede ser caótico, pero aún existen pequeños refugios: una sala iluminada por la lluvia, una historia compartida y la tranquilidad de saber que, al menos por ahora, estamos bien. Con eso basta para empezar de nuevo.
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