domingo, 4 de agosto de 2024

El líder de proyecto

Recuerdo un proyecto en el que trabajábamos más de ocho horas diarias para cumplir con la fecha comprometida. Era un proyecto desafiante y mal estimado, pero en esos días aún estaba dispuesto a darlo todo por el equipo. Finalmente, logramos la meta: liberamos a producción y las felicitaciones de los altos mandos no tardaron en llegar. Recibimos correos y llamadas de reconocimiento, e incluso nos dieron una distinción frente a toda la empresa por nuestro arduo trabajo.

Después del go-live, el trabajo disminuyó considerablemente. Los días eran tranquilos, lo que permitió al equipo recuperarse del burnout. Cabe mencionar que yo era el líder técnico del equipo, con menos de un año en ese rol, y gran parte del diseño de la solución y su implementación recayó en mí, por lo que me sentí muy satisfecho con el resultado.

Faltaban varias semanas para comenzar un nuevo proyecto y terminaba todos mis pendientes mucho antes de la hora de salida. Literalmente, solo esperaba sentado hasta que dieran las cinco de la tarde.

Un día, decidí irme 15 minutos antes para evitar el tráfico.

Durante dos o tres días me fui esos 15 minutos antes de la hora. Simplemente apagaba la computadora y salía de la oficina en silencio. Nunca pensé que pudiera causar problemas; después de todo, todos estaban felices con el éxito del proyecto.

Hasta que una tarde el líder de proyecto me pidió acompañarlo al estacionamiento para “platicar”. Una vez a solas, comenzó a llamarme la atención por irme antes de tiempo. Mencionó que al equipo le había molestado que yo me fuera temprano mientras ellos no podían hacerlo. Esto fue totalmente falso, ya que hablé con mis compañeros después de esa conversación.

El tono de su discurso empezó a subir y, como buen programador joven y rebelde, no me quedé callado. Le expliqué que no veía el problema, ya que habíamos sacado adelante un proyecto exitoso, lleno de reconocimientos y felicitaciones. No entendía por qué no podíamos darnos el pequeño lujo de salir 15 minutos antes.

Ahí fue cuando mostró su verdadera cara de jefe autoritario. Como suele pasar con algunos que obtienen un poco de poder, se sintió superior. Me dijo que debería estar agradecido por tener trabajo y que no me mandaba solo. Finalmente, me amenazó con escalar la situación al encargado de la cuenta y ponerme un warning.

Regresamos a la oficina y no volvimos a hablar el resto de la tarde. Cuando dieron las 5 en punto, apagué mi computadora y me fui.

Al día siguiente, el encargado de la cuenta me buscó. Me dijo que no me preocupara, que la queja del líder de proyecto no procedería, ya que solo era un berrinche. Me aseguró que no veía ningún problema en que saliera unos minutos antes si ya había terminado mi trabajo. Me dio una palmada en la espalda y me agradeció nuevamente por el éxito del proyecto.

El resto del tiempo que trabajé con ese líder de proyecto tuve un par de incidentes más, que contaré en otra ocasión.

Como puedes ver, querido lector, algunas personas, al obtener un poco de poder, adoptan una actitud controladora y autoritaria, olvidando el verdadero propósito del liderazgo. En este caso, el líder de proyecto no supo reconocer el esfuerzo y la dedicación del equipo. En lugar de fomentar un ambiente de confianza y flexibilidad, optó por imponer su autoridad de manera innecesaria.

Este tipo de comportamiento no solo genera malestar y desmotivación, sino que también puede afectar la productividad y el clima laboral. Es fundamental que los líderes comprendan que su rol no es solo supervisar, sino también apoyar y valorar a su equipo, promoviendo una cultura de respeto y reconocimiento.

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